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Una sociedad que escucha a sus personas mayores toma mejores decisiones

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En un mundo marcado por la urgencia, la inmediatez y la sobrevaloración de lo nuevo, hemos ido desplazando silenciosamente una de las fuentes más valiosas de criterio colectivo: la voz de las personas mayores. No porque carezcan de capacidad, sino porque hemos confundido velocidad con claridad y juventud con innovación.

Colombia envejece. Y en este contexto, la pregunta no es solo cómo acompañamos a las personas mayores, sino qué perdemos como sociedad cuando dejamos de escucharlas.

Decidir sin experiencia tiene costos

Las decisiones públicas, organizacionales y comunitarias no se toman en el vacío. Se toman desde marcos mentales, aprendizajes previos, memoria histórica y comprensión del contexto. Cuando estos elementos desaparecen de los espacios de decisión, las consecuencias son evidentes:

  • políticas desconectadas de la realidad,
  • soluciones de corto plazo,
  • repetición de errores ya vividos,
  • debilitamiento de la confianza institucional,
  • fragmentación social.

Excluir a las personas mayores de los procesos de deliberación no acelera el progreso.
Lo vuelve frágil.

La experiencia como brújula, no como ancla

Existe un prejuicio persistente: creer que la experiencia “frena” el cambio. En realidad, la experiencia no detiene la innovación; la orienta. Permite anticipar riesgos, evaluar consecuencias y tomar decisiones más informadas.

Las personas mayores han atravesado transformaciones económicas, reformas sociales, crisis institucionales y procesos de reconstrucción. Su mirada no está anclada al pasado, sino nutrida por él. Incorporarla no significa volver atrás, sino avanzar con mayor conciencia.

Gobernanza, empresas y edadismo silencioso

El edadismo no siempre es explícito. Muchas veces se manifiesta en la ausencia:
ausencia de personas mayores en juntas, comités, consejos consultivos, espacios de diseño de políticas o decisiones estratégicas.

Cuando las decisiones se toman sin diversidad etaria:

  • se empobrece el análisis,
  • se debilita la legitimidad,
  • se pierde la perspectiva de largo plazo,
  • se rompe el diálogo intergeneracional.

La diversidad no es solo de género o de origen.
También es diversidad de trayectorias y experiencias de vida.

Escuchar es una forma de cuidado estructural

Escuchar a las personas mayores no es un gesto simbólico ni una concesión. Es una forma profunda de cuidado estructural. Implica:

  • crear espacios reales de participación,
  • reconocer la autoridad del conocimiento vivido,
  • incorporar su criterio en decisiones que afectan territorios, organizaciones y comunidades,
  • y permitir que sigan ejerciendo liderazgo desde nuevas formas.

La Política Pública Nacional de Envejecimiento y Vejez reconoce la participación como un pilar del envejecimiento activo. No como un complemento, sino como una condición esencial para la dignidad y el bienestar.

Del retiro a la mentoría social

Escuchar a las personas mayores implica también transformar la idea de retiro. No como desconexión, sino como transición hacia nuevos roles: mentoría, acompañamiento, liderazgo comunitario, transmisión de saberes y toma de decisiones con impacto social.

Una sociedad que integra a sus personas mayores en estos espacios:

  • fortalece la cohesión social,
  • mejora la calidad de sus decisiones,
  • construye confianza,
  • y desarrolla soluciones más sostenibles.

Colombia Plateada: experiencia al servicio del desarrollo

Desde esta visión surge Colombia Plateada, un programa orientado a fortalecer capacidades, dignificar trayectorias y crear condiciones para que las personas mayores sigan participando activamente en la vida social y comunitaria.

Colombia Plateada entiende que escuchar, formar y acompañar a las personas mayores no solo impacta su bienestar individual, sino que enriquece la toma de decisiones colectivas y fortalece el desarrollo de los territorios y las organizaciones.

Decidir mejor implica escuchar mejor

Una Colombia que envejece necesita menos prisa y más criterio.
Menos exclusión silenciosa y más diálogo intergeneracional.
Menos decisiones tomadas sin memoria y más aprendizaje compartido.

Volver a escuchar a las personas mayores no es nostalgia.
Es una decisión inteligente, ética y estratégica.

Porque la experiencia no se jubila.
Y una sociedad que la escucha, decide mejor.

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